Con la victoria, en Occidente durante los años 1980, de las ideas económicas neoliberales, el concepto de guerra de clases fue declarado muerto, degradado a una especie de fake news sociológica, eslogan trasnochado utilizado únicamente por extremistas cripto-marxistas, comunistas. Sin embargo, una primera alerta de resurrección fue lanzada en 2005, por la persona menos esperada: Warren Buffet, famoso inversionista estadounidense y uno de los hombres más ricos del mundo (fortuna actual de más de 140 mil millones de dólares). En una entrevista para CNN, Buffet declaró: “hay una guerra de clases, eso es un hecho, y es mi clase, la de los ricos, la que la conduce, y la estamos ganando”.
Hoy, un grupo de multimillonarios liderados por Elon Musk, el hombre más rico del mundo (fortuna actual cercana a los 500 mil millones de dólares, en aumento cada segundo), propietarios de las principales empresas de big tech de la Silicon Valley, están asociados a Donald Trump, próximo presidente estadounidense para imponer al mundo sus ideas económicas, sociales y culturales de extrema derecha, libertarianas, convirtiendo el país más poderoso del mundo en una plutocracia (de acuerdo a la Real Academia Española: “situación en la que los ricos ejercen su preponderancia en el gobierno del Estado”). O, para ser más preciso, en una broligarquía, neologismo formado por la palabra inglesa brother (hermano) y oligarquía, designando una especie de club de multimillonarios, reunidos para ejercer el control de una estructura de control político, donde masculinidad (las mujeres brillan por su ausencia y, en septiembre, Musk soñaba con “una república de machos con status elevado”) y riqueza son las condiciones de admisión. (La tentación es grande de traducir broligarquía en colombiano como parcerogarquía)
Estos oligarcas, aunque de extrema derecha, no pueden ser calificados de manera general como reaccionarios: sus principios de base no son la defensa de la familia y la religión. En realidad, buscan el poder como una manera de conservar su riqueza, eliminando todo tipo de control público. El gran enemigo no es entonces el Estado (veremos más adelante como viven en gran parte de contratos estatales), sino la democracia: la separación de los tres poderes, la participación de la sociedad civil, la transparencia y el control de los poderes privados, el Estado de bienestar. El objetivo es un Estado autoritario, hecho sobre medida para conservar sus privilegios, garantizar el enriquecimiento de algunos, sobre la dominación del resto. Podríamos resumir entonces sus principios en: legitimación de la dominación de los poseedores, derecho natural al sometimiento y al control del futuro de las sociedades, tecno-optimismo o tecno-solucionismo, autoritarismo, culto del jefe y de los valores masculinos, respeto de los monopolios económicos.
El libertarianismo y Silicon Valley
La guerra de Vietnam, en los años 60 y 70 del siglo pasado, produjo una gran desconfianza de los jóvenes estadounidenses con el Estado. Muchos de ellos dejaron las ciudades para vivir en comunas, alejados de toda autoridad estatal (llegaron a ser cerca de 800 mil personas, en más de 10 mil comunas). En su deseo de ser independientes del resto de la sociedad, autárquicos, estas comunas le dieron gran importancia a la tecnología, compartiendo trucos y astucias, especialmente de electrónica personal. Y las comunas de la región californiana de Silicon Valley estuvieron muy rápidamente en contacto con la informática personal, a través de los investigadores, jóvenes y rebeldes, de centros de investigación tan importantes como el Stanford Research Institute (SRI) y el Xerox PARC (Palo Alto Research Center). Las comunas fracasan en los años 80 del siglo XX, pero le sobreviven la negación del estado y la creencia en soluciones individuales, donde la tecnología, y especialmente la informática, podrían jugar un gran rol: gran caldo de cultivo para las ideas anarquistas, libertarias y libertarianas. Lo que se conoce hoy como ideología californiana, es una mezcla de la contracultura de los hippies con el espíritu de empresa de los yuppies, estrechamente ligados con las corrientes cyberpunk, transhumanista y tecno-optimista.
Es importante hacer aquí una diferencia entre ideas libertarias y libertarianas. Las primeras pueden ser vistas como una derivación de las ideas anarquistas de extrema izquierda, donde las autoridades deben suprimirse porque atentan contra la libertad del individuo, las sociedades deben auto-organizarse en el respeto de estas libertades, y “la propiedad es un robo” (Proudhon). Los libertarianos le dan una prioridad a la economía capitalista, libre de todo control, y son los impuestos los que constituyen un robo, no la propiedad. Según Sébastien Caré, académico francés autor de varios libros sobre el libertarianismo, sus principios son esencialmente tres: en economía, la eliminación de toda regulación del mercado y el desmantelamiento del Estado providencia; en políticas sociales, la defensa de las libertades individuales; en política extranjera, el aislamiento, la no injerencia en asuntos internacionales.
Estas ideas están en realidad presentes en el origen de los Estados Unidos: la guerra de independencia comenzó como un rechazo a pagar impuestos al estado inglés y la conquista del Oeste se hizo por familias que partían a conquistar tierras, por fuera del control de un estado central. Más cerca de nosotros, el neoliberalismo de los años 80 del siglo XX se alimenta de estas ideas, con economistas como Ludwig von Mises (1881-1973), Wilhelm Röpke (1899-1966), Friedrich Hayek (1899-1992), Milton Friedman (1912-2006), Murray Rothbard (1926-1995), Robert Lucas (1937-2023) y Robert Nozick (1938-2002). Este último, profesor en Harvard y autor del libro Anarquía, Estado y utopía, uno de los más influyentes en los ámbitos libertarianos, dice que “cualquier reclamo que vaya más allá de la mera protección de los derechos de propiedad individuales adquiridos sin violencia es de naturaleza tiránica”, lo cual se aplica especialmente a la utilización del impuesto, considerado como una confiscación del producto del trabajo de ciertos individuos para atribuírselo a otros. Finalmente, una escritora estadounidense, Ayn Rand (1905-1982), muy popular en USA, tiene una gran importancia en la difusión de estas ideas dentro del gran público: un estudio hecho en 1991 por la Biblioteca del Congreso revela que su libro Atlas Shrugged (La rebelión de Atlas, publicado en 1957) era el más influente para los estadounidenses, después de la Biblia.
Es interesante (e inquietante) señalar que el historiador Jeffrey Herf, en su libro El modernismo reaccionario: tecnología, cultura y política en Weimar y el Tercer Reich (Fondo de Cultura Económica, 1990) identificaba un fenómeno similar en el nacimiento del III Reich: la fusión de la cultura industrial alemana, racionalista, con la cultura del nacionalismo alemán, caracterizado por el odio de la razón y la democracia.
Una descripción más profunda del libertarianismo puede ser encontrada en mi blog www.segunedu.com (Libertarianismo, Silicon Valley y Javier Milei).
Casting de los principales oligarcas libertarianos de Silicon Valley
Además de Elon Musk, a quien le consagramos el capítulo siguiente, los principales oligarcas libertarianos de Silicon Valley son:
- Mark Zuckerberg: creador de Facebook. Gran jefe de Meta (propietario del 13,7% del capital y del 62% de los derechos de voto), la empresa matriz de Facebook (más de 3 mil millones de usuarios), Instagram (2,4 mil millones de usuarios), WhatsApp (3 mil millones de usuarios) y Threads. Su vida es una perfecta ilustración de la máxima marxista (de Groucho, no de Karl): “estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Luego del asalto al Capitolio, en enero de 2021, expulsó a Trump por dos años de Facebook e Instagram, convirtiéndolo en su enemigo, pidió disculpas por la desinformación en Facebook y anunció que iba a trabajar con verificadores de hechos independientes. Con la nueva victoria de Trump, y con la amenaza de juicio que le hará la Federal Trade Commission a Meta en abril, acusándola de comprar WhatsApp e Instagram para garantizar un monopolio de redes sociales, Zuckerberg cambió totalmente de opinión: comenzó visitando a Trump en Mar-a-Lago y haciendo una donación de un millón de dólares para la ceremonia de investidura (Trump ya había anunciado que Zuckerberg “le lamería el culo”), para terminar el 7 de enero con un anuncio de anulación de los controles de verificación de hechos, remplazados por “notas comunitarias”, sistema empleado por X desde su compra por Musk. Este anuncio fue acompañado por una serie de declaraciones del mejor estilo Trump: la verificación de hechos ha “originado demasiada censura”, “pondremos fin a un cierto número de límites en temas como la inmigración y el género”.
Ante la amenaza de ser multado por la UE, que prevé multas de hasta el 6% de la cifra de ventas por no respeto de la moderación de contenidos, declaró que “la cantidad de leyes institucionalizando la censura en la UE no cesa de aumentar y es difícil construir cosas innovadoras”. Tres días después, en una entrevista con Joe Rogan, gran partidario de Trump y autor del podcast más escuchado en el mundo, da una serie de declaraciones sobre sus valores masculinos, adhiriendo a uno de los principios compartidos por varios de los oligarcas libertarianos de Silicon Valley, y las tesis conspirativas: “hay algo bueno en la masculinidad y una cultura que valoriza la agresividad es meritoria”, “una gran parte de nuestra sociedad se ha castrado o emasculado de alguna manera”, “toda la vida ha habido agentes de la CIA en los grandes medios”, “la administración Biden impuso una censura sobre el covid”. Y para que su conversión sea aún más clara, nombró dos nuevos ejecutivos en Meta: Joel Kaplan, ex-lobista cercano a la administración Trump, será el nuevo director de asuntos mundiales; Dana White, patrón de la UFC, liga de lucha y gran amigo de Trump, será miembro del Consejo de administración. Ah, y cambió su look: después de vestirse como el yerno ideal, ahora parece un rappero, con cadenas de oro y reloj de 900 mil dólares.
- Peter Thiel: uno de los fundadores de PayPal (junto con Musk), de los primeros inversores de Facebook y creador de Palantir, una de las principales empresas de armamento y de vigilancia con utilización de la IA (el valor de su acción superó la de Lockheed Martin, fabricante de armas histórico). Defensor del apartheid sudafricano, hace parte de una red de oligarcas libertarianos nacidos en África del Sur, donde sobresalen Musk y David Sacks, inversor en capital riesgo y responsable de IA y criptomonedas en el nuevo gobierno. Es el principal sponsor del futuro vicepresidente J.D. Vance y de su sucesor en el senado por Ohio, el gringo-colombiano Bernie Moreno. Ha declarado que “la democracia y la libertad son incompatibles”, busca la creación del mayor número de países posible, comunidades donde cada individuo es auto soberano, con el remplazo de la moneda estatal por las criptomonedas (Moreno es visto como uno de los principales lobistas del bitcoin, prometiendo hacer de USA su superpotencia mundial, cuando su valor ha superado la barrera histórica de los 100 mil dólares).
- Marc Andreessen: programador, en 1993, de Mosaic, el primer navegador universal para el web, convertido luego en Netscape. Su empresa Andreessen Horowitz es una de las principales inversionistas tecnológicas de Silicon Valley. Nostálgico del fascismo mussoliniano. Recientemente acusó al Consumer Financial Protection Bureau (CFPB) de hacer presión sobre los bancos para cerrar las cuentas de los conservadores (“debanking”), y de ser una táctica de la administración Biden para atacar sus “enemigos políticos”, razón por la cual los CEO de las big tech apoyan a Trump. Coincidencia, una de las principales funciones del CFPB es investigar a las empresas que han incurrido en prácticas engañosas, abusivas y desleales, asegurándose de que tratan a sus clientes con equidad.
- Jeff Bezos: propietario de Amazon y del Washington Post. En octubre, justo antes de la elección presidencial, impidió que el WP sostuviera la candidatura de Kamala Harris. La semana pasada, una de las caricaturistas estrella del WP, Ann Telnaes, renunció porque, por primera vez, le rechazaron una caricatura, donde se ve, entre otros personajes, a Bezos, Zuckerberg y Mickey Mouse arrodillados delante de Trump (ver la imagen).
Elon Musk, el primer parcero de Trump
Hombre más rico del mundo, su fortuna proviene de un imperio industrial de alta tecnología: coches eléctricos (Tesla), redes sociales (X), inteligencia artificial (xAI), aeronáutica (SpaceX), internet por satélite (Starlink) y neuro-tecnología (Neuralink). Pero su principal titulo es honorifico, auto-otorgado: First Buddy de Trump (algo así como Primer parcero).
La compra de X en 2022 es una muestra de la mezcla que hace del poder político con el económico: los 44 mil millones de dólares que pagó se han desvalorizado de un 70%, pero su control absoluto de una audiencia de 600 millones de usuarios activos mensuales y 200 millones de seguidores personales responde muy bien a su interés de dominar el debate público y a su locura de grandeza. La manipulación de la información es permanente, modificando a voluntad el algoritmo de puesta en valor de los mensajes y difundiendo noticias falsas sin el menor escrúpulo (un sitio web compila algunas de sus afirmaciones falsas: https://elonmusk.today). Su supuesta defensa de la libertad de opinión es simplemente una defensa de sus opiniones, con bloqueo o censura de las otras. Veamos algunos ejemplos: X ha bloqueado periodistas de CNN, Washington Post y New York Times; responde a menudo a las preguntas de los medios con un emoji de caca; 12 mil cuentas que habían sido prohibidas por incitación al odio, antisemitismo, conspiracionismo, etc. fueron reactivadas desde su llegada; diez de esas cuentas han permitido a X ganar 19 millones de dólares de publicidad anual, según la ONG Center for countering digital hate (que recibió una demanda judicial de X por haber publicado esos datos); pidió parar el financiamiento de NPR, la radio pública gringa, y dijo que los medios, “después de haber sido racistas anti-negros, se han convertido en racistas anti-blancos y asiáticos”. Como una muestra más de la defensa de sus intereses personales, paradójicamente, ciertas figuras de la extrema derecha gringa han criticado algunas posiciones de Musk en X, porque ha bloqueado o suspendido cuentas con críticas a su política de inmigración, por ejemplo: Musk necesita trabajadores extranjeros altamente calificados que utilicen las visas H-1B (de acuerdo al Washington Post, Musk fue residente ilegal en USA entre 1996 y 1997).
Pero, por supuesto, su mayor implicación política es con su apoyo a Trump: fue el segundo donador de su campaña, con 200 millones de dólares al fondo America PAC. Suma que ve seguramente como una inversión, que espera recuperar con creces gracias a contratos estatales, como ya ha hecho antes con sus empresas: en 10 años, sobre todo SpaceX ha beneficiado de 15 mil millones de dólares de fondos públicos, especialmente de la NASA, y Tesla no habría sobrevivido sin un préstamo de 456 millones de dólares ofrecido por el Departamento de la energía demócrata en 2010, sin contar que varios ejecutivos de SpaceX han sido propuestos como miembros del Ministerio de defensa, gran proveedor de contratos. Otras ventajas vienen de la protección contra competidores extranjeros o de la anulación de políticas reguladoras: la política proteccionista de Trump salvaría Tesla de la competencia china; Brendan Carr, un extremista partidario de Trump, ha sido propuesto para presidir la Federal Communications Commission, regulador de las telecomunicaciones, que rechazó en 2023 900 millones de dólares de subvenciones públicas a Starlink. Los conflictos de interés entre sus empresas y el próximo gobierno serán numerosos e ignorados.
Y, como en un mundo globalizado, el mercado estadounidense no es suficiente para sus empresas y la UE tiene políticas de regulación más severas, Musk se ha lanzado igualmente a apoyar una especie de internacional de extrema derecha, haciendo injerencias groseras en varios países, especialmente Alemania e Inglaterra. Publicó una tribuna en el diario conservador Welt am Sonntag para apoyar la filonazi AfD (Alternativa para Alemania), lo que ya había hecho en X (“solo AfD puede salvar Alemania”). Y ha escrito mensajes insultantes contra varios dirigentes alemanes: el presidente Frank-Walter Steinmeier es un “tirano anti democrático”, el Canciller Olaf Scholz es un “idiota incompetente” y Robert Habeck, ministro ecologista de la economía “un traidor a la nación”. Ha lanzado acusaciones escandalosas e infundadas contra el Primer ministro laborista inglés Keir Starmer, acusado de complicidad en un crimen de masa pedófilo. Su red satelital Starlink es utilizada igualmente como arma geopolítica, en la guerra de Ucrania, por ejemplo.
Su participación oficial en el gobierno de Trump será como codirector de un nuevo departamento, junto con el millonario de biotecnologías Vivek Ramaswamy: el DOGE (Departamento de eficacidad gubernamental, igualmente el nombre de una criptomoneda), con el objetivo de suprimir 2 mil millones de gastos públicos, un tercio del presupuesto federal. Seguramente cortando en las agencias de regulación, que están dirigiendo unas 20 investigaciones a sus empresas, abiertas por 6 agencias de regulación y 4 departamentos de estado. Y acabando con lo poco que queda de transportes públicos, por ejemplo: “detesto estar encerrado con desconocidos, entre los cuales podría haber asesinos en serie”.
Esperemos que la democracia estadounidense tendrá la fortaleza para resistir a los ataques de esta coalición inédita de oligarcas libertarianos. Si no, otras democracias también caerán, por el fenómeno bien conocido en Colombia como el chu chu chu…